Embajada de Costa Rica

Literatura

 
La literatura de Costa Rica tiene antecedentes en la colonia y marcada influencia europea. Al ser Costa Rica un país joven, su literatura también lo es, y se puede iniciar su historia hacia finales del siglo XIX. Durante el periodo colonial es poco lo que puede recopilarse de la literatura en aquel tiempo, la mayoría de los textos no pasan de un mero carácter epistolar y prosa administrativa. A finales del siglo XIX es posible encontrar, aunque escasa, literatura costumbrista, anécdotas pintorescas, crónicas y poemas sentimentalistas de tendencia romántica. Algunos poemas fueron recopilados en el libro la "Lira costarricense" (1890-1891) compilada por Máximo Fernández.
 
La periodización de la literatura costarricense que tiene mayor vigencia es la propuesta por el profesor Álvaro Quesada Soto, según él cual pueden reconocerse cinco periodos, a los cuales tradicionalmente se les conoce con el nombre de generaciones:
 
La generación del Olimpo o Generación del 900 (1890-1920)
 
Periodo de apogeo liberal y oligárquico, que provocó cambios importantes en las estructuras sociales y laborales. La literatura de esta época participa en el proceso de formación y consolidación de una conciencia nacional. Destacan las novelas "El Moto"(1900) de Joaquín García Monge y "El árbol enfermo" de Carlos Gagini; las "Concherías" (1905) de Aquileo Echeverría; así como la poesía de Roberto Brenes Mesén; las numerosas obras históricas de Ricardo Fernández Guardia y la laureada obra de Manuel González Zeledón (Magón).
 
La generación del Repertorio Americano o Vanguardia (1920-1940)
Denominada de esta forma por encontrarse ligada a la revista Repertorio Americano de Joaquín García Monge. Durante este período se da la crisis del régimen oligárquico liberal, por eso la literatura de esta época se caracteriza por presentar nuevas formas discursivas, como el estilo grotesco, el humor feroz y corrosivo, la parodia y la sátira. Destaca la obra del mismo García Monge, del escritor José Marín Cañas, de los poetas Isaac Felipe Azofeifa y Eunice Odio, del escritor, periodista, poeta y pintor Max Jiménez; del también pintor Francisco Amighetti y de la escritora Carmen Lyra, inmortalizada en la literatura costarricense especialmente por su obra Cuentos de mi Tía Panchita, considerados clásicos de la literatura infantil costarricense.
 
La generación del 40 (1940-1960)
 
Durante esta época, se implanta la socialdemocracia en Costa Rica. Se crea el capítulo de "Las Garantías Sociales" por Manuel Mora Valverde. Es una época de cuestionamientos y renovaciones, de importantes reformas sociales y de un nuevo concepto de Estado. Los principales temas que tratan las obras literarias de este tiempo son la problemática social, la distribución de la tierra y la dependencia de las compañías transnacionales. El realismo literario será la consigna de estos escritores: Joaquín Gutiérrez (Cocorí, Manglar, Puerto Limón, Murámonos Federico, Te acordás hermano), Carlos Luis Fallas (Mamita Yunai, Gentes y gentecillas, Marcos Ramírez), Fabián Dobles (Historias de Tata Mundo en línea), Carlos Luis Sáenz (Mulita mayor), el poeta Julián Marchena (Alas en Fuga); la poetisa y novelista Yolanda Oreamuno (La Ruta de su evasión); y el cuentista Carlos Salazar Herrera (Cuentos de Angustias y Paisajes).
 
La generación urbana (1960-1980)
 
Durante este tiempo se concreta en Costa Rica un proceso de modernización e industrialización. En la literatura de esta época aparece como temática predominante la ciudad. Es la época del Círculo de Poetas Costarricenses con Jorge Debravo (Nosotros los hombres), Laureano Albán (Herencia de otoño), Marco Aguilar (Raigambres), Julieta Dobles (Costa Rica poema a poema, Cartas a Camila), Francisco Zúñiga Díaz (Cuentos prohibidos, El amor y algunos entredichos), Alfonso Chase (Cultivo una rosa blanca, Historias de las tierras del Tigre de Agua y el Colibrí de Fuego), así como escritores como Quince Duncan (Los cuentos del Hermano Araña), Alberto Cañas Escalante (Los molinos de Dios, Oldemar y los coroneles,Uvieta), Carmen Naranjo (Canción de la ternura, Más allá del Parismina) y José León Sánchez (La isla de los hombres solos).
 
La generación del desencanto o Posmodernidad (1980-act.)
 

La temática de las obras de este periodo parece enmarcarse dentro de un mismo contexto: el desencanto con el modelo de Estado promovido por los políticos costarricenses. Destacan los nombres de Anacristina Rossi (La Loca de Gandoca), Ana Istarú (La muerte y otros efímeros agravios, El vuelo de la grulla), Osvaldo Sauma (Retrato en familia) y Rodolfo Arias Formoso (El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios, La Madriguera) entre otros. 

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