Embajada de Costa Rica

Escultura

 
El arte escultórico costarricense tiene sus inicios más tempranos en la época precolombina. Costa Rica como zona de transición, fue puente cultural de intercambio de bienes y servicios de las zonas de influencia mesoamericana y del sector de tradición suramericana, por lo que el arte posee características de estilos de otras zonas, pero no es imitación de estos, sino que se vio enriquecido por elementos, creencias y simbologías que lo dotaron de una fuerte personalidad, transformándolo en un estilo propio. Se advierte una nutrida expresión artística en la cerámica; la lapidaria en jade y piedra; la metalurgia, el vaciado y el fundido en oro; y el tallado en piedra. Destacan las esferas de piedra como un hito por su síntesis formal, es decir, que para una cultura en que lo común eran las formas altamente elaboradas y llenas de pictogramas, la conceptualización de la esfera como síntesis artística, simbólica y formal denota un grado de madurez plástico único. No obstante, su construcción y significado siguen siendo enigmáticos, pues si bien existen en otras culturas, nunca con el tamaño ni en las cantidades que se hallan en el país.
 
Durante el período colonial, este maravilloso arte se centra básicamente en temas religiosos, como por ejemplo la creación de estatuas de vírgenes, santos, ángeles o cruces, sin embargo, no van a surgir escultores reconocidos. No es sino hasta finales del siglo XIX donde van a aparecer dos precursores de la escultura moderna: Fadrique Gutiérrez (1841-1897) y Juan Mora González (¿1860?-¿?), cuyo trabajo se destaca principalmente en la imaginería. Lo significativo de estos dos precursores es el hecho de que la escultura costarricense contemporánea nace en los talleres imagineros y no en la academia (la Escuela de Bellas Artes se había creado en 1897).
 
Dos artistas, Juan Ramón Bonilla (1882-1944) y Juan Rafael Chacón (1894-1982), van a dar un gran impulso a la escultura costarricense con la llegada del siglo XX. Ellos, al viajar a Europa, entraron en contacto, el primero, con las técnicas de talla del mármol en Italia, y el segundo, con las obras escultóricas de diferentes artistas en España. Destacan en sus trabajos, la celebrada Los héroes de la miseria, en mármol, de Bonilla, obra creada en Italia en 1908 y luego traída a Costa Rica; se encuentra en el vestíbulo del Teatro Nacional de Costa Rica; y Desesperanza o Desesperada, talla directa en madera, de Chacón, una de sus piezas más reconocidas.
 
El sentimiento nacionalista que se empieza a desarrollar con la nueva intelectualidad de principios de siglo y las luchas sociales de la época ofrecen un marco idóneo a los jóvenes artistas que inician su trabajo en la década de 1930. Entre estos jóvenes se encuentran Max Jiménez (1900-1947), Juan Manuel Sánchez (1907-1990), Francisco Zúñiga (1912-1998) y Néstor Zeledón Varela (1903-2000), los cuales serían conocidos como La Nueva Sensibilidad o Generación de los Treinta. De ellos, Francisco Zúñiga emerge como el escultor más definido y universal de Costa Rica en el siglo XX. Afincado en México, donde encontrará una atmósfera propicia para desarrollar todo su talento, tanto que hoy en ese país es considerado como uno de los grandes artistas del siglo XX, produjo una obra numerosa y de gran calidad estética en pequeño y gran formato. Entre sus principales obras se encuentran: Alegoría de la Tierra y las Comunicaciones (piedra, friso de 7 metros de alto en el edificio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas; SCOP, México D.F), Monumento a los Fundadores de Nuevo Laredo (bronce), Monumento al poeta Ramón López Velarde (bronce, Zacatecas, México), La riqueza del mar (grupo en concreto 9 × 3 m . Veracruz, México), Monumento al agricultor costarricense (bronce, Alajuela, Costa Rica), Monumento a la Libertad (piedra, San Salvador, El Salvador), Física nuclear (bronce, bosque de Chapultepec, México, D.F.), Friso en el Banco de México (piedra), Yalalteca (bronce), Mujer sentada (mármol negro), Mujer sentada con rebozo (bronce), Grupo de mujeres en pie (bronce), Mujer en la puerta (bronce), Frente al mar (bronce, grupo), La familia (bronce), Coloquio (bronce), etc. En jardines y parques de México, Japón, El Salvador, Filipinas, Ecuador, Argentina, Estados Unidos y Costa Rica hay monumentos suyos. La obra de Francisco Zúñiga (quien también realizó grabado, dibujo, litografía y poesía), giró en torno al desnudo femenino, su indigenismo fue síntesis de la condición humana.
 
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y en sus años posteriores, las artes visuales acusaron un período de poca actividad. No es sino hasta los años 60 que, con la introducción del arte abstracto, surge el grupo de Los ocho, integrado por seis pintores (Luis Daell, Harold Fonseca, Rafael Ángel García, Manuel de la Cruz González, Guillermo Jiménez y César Valverde) y dos escultores, Néstor Zeledón Guzmán (1933) y Hernán González (1918-1987). Este grupo fue fundamental para el despegue del arte nacional. En este período aparece la obra de Olger Villegas (1934) dentro de la tradición figurativa con marcada influencia de Francisco Zúñiga y del realismo social mexicano: Maternidad, Madre indoamericana, Maternidad negra (talla en piedra), Monumento a las Garantías Sociales (grupo de bronce).
 
Luego de los años sesenta la escultura se abre a una serie de estilos, búsquedas, lenguajes y materiales. A pesar de ello, la tradición de la talla en madera y piedra va a mantener su predominio. En ese abanico se abren dos grandes campos en la creación escultórica de nuestros días: la naturalista/realista (Olger Villegas, Crisanto Badilla, Fernando Calvo, Mario Parra y Leda Astorga) ligada a la talla en madera y piedra, la cual se renueva constantemente tanto en su temática como en su estilo; y otra que concede mayor énfasis a la tendencia abstracta o simbólico/metafísica (José Sancho, Aquiles Jiménez, Edgar Zúñiga, Marisel Jiménez, Franklin Zúñiga, Luis Arias, Emilio Argüello, Manuel Vargas, Domingo Ramos, Ibo Bonilla, Jorge Jiménez Deredia y Esteban Coto).
 

Es Jorge Jiménez Deredia el escultor costarricense más reconocido a nivel nacional e internacional en la actualidad. Jiménez Deredia es el primer escultor latinoamericano en colocar una obra en la Basílica de San Pedro: la Estatua de San Marcelino Champagnat, en mármol de Carrara. También es el primer artista contemporáneo en exponer sus obras en el Foro Romano, el más importante sitio arqueológico y patrimonial de la capital italiana. Educado en la escuela italiana, la obra de Jiménez Deredia gira en torno al tema de la maternidad, con la esfera como tema recurrente, inspiradas en las antiguas esferas de piedra precolombinas de la cultura del Valle de Díquis. 

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